Entrevista Jack White

El Erudito (3/3)

3/12/2017P. O'Leary

Llegamos al último tramo de la entrevista de The New Yorker, la más interesante que hemos visto en mucho tiempo a pesar de conocer ampliamente la carrera de Jack White. Merecía la pena traducirla solo por el excepcional trabajo de síntesis de su autor y las declaraciones del artista en primera persona. Gracias a Alec, por su trabajo, y a Jack, por someterse a sí mismo a todo tipo de tropelías para mantenerse vivo en la música.

Jack White por Pari Dukovic para The New Yorker

"White es un romántico en lo referente a los artefactos mecánicos, tal y como los niños lo son a veces con los robots. Girar ruedas y engranajes hace el tiempo visible para él, mientras que los dispositivos digitales le parecen inertes. Third Man solía tener subcontratada la manufactura de sus discos, pero a finales de febrero empezaron a prensarlos ellos mismos en Detroit, utilizando maquinaria que White compró en una compañía alemana. El verano pasado me enseñó el enorme bloque de hormigón y cemento, donde irían las prensas. “Estamos comprando las primeras máquinas nuevas que se han hecho en sesenta años”, dijo. “Normalmente tienes que esperar a que un negocio desaparezca para comprarlas”. Señalando las líneas en el suelo que indican la ubicación futura de las máquinas, comentaba, “Ahí es donde estará el extrusor. Expulsa el disco de vinilo caliente, entonces la prensa lo aplana. Hay ocho prensas, lo que se traduce en unos seis mil discos por turno”

Los planes de White son usualmente concebidos y ejecutados rápidamente. Recientemente, invirtió cinco años -una vida entera para él, dice- en una costosa pieza efímera que llamó el proyecto Icarus, y que consistía en enviar un tocadiscos a la estratosfera mientras reproducía un disco, porque nunca se había hecho a semejante altura. El proyecto, me contó, ilustraba su ambición “por ser excéntrico y producir un momento bello sobre el que hable la gente”

El proyecto Icarus comenzó cuando White vio un vídeo, creado por un padre y un hijo de Brooklyn que colocaron una cámara en un globo climático y lo lanzaron al norte del estado de Nueva York. Tras una hora aproximadamente, cuando el globo estaba a cerca de las diecinueve millas de altura, la baja presión atmosférica hizo que explotase y la cámara volvió a bajar con un paracaídas. White envió el vídeo a su amigo Kevin Carrico, un realizador de cine al que le gusta diseñar y construir artefactos electromecánicos, y le preguntó si podría equipar un tocadiscos para que tocara un disco en altura. Carrico construyó un marco de aluminio piramidal para el tocadiscos. Él instaló un controlador que mantendría el tocadiscos girando a una velocidad constante: White no le veía sentido a un tocadiscos que reprodujera un disco que no sonase como un disco, incluso aunque nadie lo escuchase. Otro dispositivo devolvería el brazo hasta el punto de inicio cuando alcanzase el final, lo reajustaría si se quedara atascado y, en caso de turbulencias, lo levantaría y aseguraría, y lo volvería a dejar caer cuando disminuyeran. 

Carrico y el equipo unieron el tocadiscos y una cámara a un globo climático y, con el permiso de la Administración de Aviación Federal de Estados Unidos, lo lanzó una mañana, temprano, en Idaho el pasado mes de julio. “A Glorious Down”, un remix musical de varios cortes de Carl Sagan y Stephen Hawking. El globo tenía siete pies de ancho cuando estaba en el suelo y cuarenta pies ochenta y un minutos después, cuando estalló, a casi dieciocho millas de la Tierra. Podían verlo desde el suelo, una diminuta luna blanca que de repente se evaporó. Carrico había calculado que que el tocadiscos tenía más de un 90% de probabilidad de aterrizar en una granja. Algunos hombres trabajando en un viñedo cerca de Nampa vieron algo acercándose hacia su posición en un paracaídas. Cuando Carrico y su equipo llegaron, siguiendo la señal GPS, los trabajadores les señalaron el lugar donde había caído. 

White proyectó una película de la ascensión y la caída en las sedes de Third Man en Nashville y Detroit para celebrar su disco tres millones, que era el que iba en el tocadiscos. White la vio desde una pasarela en la tienda de Detroit, y unas doscientas personas le vieron a él, mirando aquel tocadiscos con la curva de la Tierra de fondo. El globo explotó y White dio las gracias a todos los presentes por asistir. Después se sentó en un sofá y dijo, “ahora ya puedo dormir por las noches”.

En una comida en Nashville con Ben Swank, el segundo al mando en Third Man, White llevaba un polo de punto amarillo y pantalones negros; Swank llevaba su uniforme de Third Man: traje negro, camisa negra, corbata amarilla. “¿A qué te dedicas?”, preguntó la camarera a Swank “¡Menudo look llevas!”. Swank la explicó que trabajaba para Third Man, entonces ella preguntó a White qué hacía él. “Soy productor a veces”, contestó. “También trabajo en Third Man Records. Ella asintió y le preguntó qué quería. “¿Puedo pedir varias cosas del menú?”, dijo él. “Hummus, pepino, y apio y mantequilla de cacahuete”. Pidió una bebida llamada Cold Steel Drum que solía estar en la carta. “¿Quizás el barista podría hacerla para mí?” dijo. “Yo siempre digo: es más fácil pedir perdón que permiso”, le replicó la camarera. 

White se mudó a Nashville en 2005. “Salir por Detroit se volvió muy duro para Meg y para mí”, contaba. “Creo que todo el mundo había tenido suficiente de toda esa atención que nos prestaban, así que empecé a buscar por todas partes un lugar donde vivir. Miré en Memphis, en Georgia, las Carolinas, sitios ni demasiado grandes ni demasiado pequeños. Me gusta la educación del Sur y no me preocupa que sea tan religioso. Me siento como en casa, ningún otro sitio me hizo sentir así”. 


White permanece emocionalmente vinculado a Detroit, que tiene sus propias liturgias musicales e industriales. Si viviese en Nueva York o en Los Ángeles, me escribió, “mi personalidad me haría sentir como si fuese una réplica, no me sentiría único. Los sitios grandes siempre me hacen sentir que hay miles de personas alimentándose a la vez, como hacer cola para una audición, no podría manejarlo y seguir siendo creativo. Se convertiría en el típico trabajo para pagar las facturas y, en ese punto, podría dedicarme a tapizar muebles mejor”.

El concepto de “hogar” se repite a menudo en las canciones de White, frecuentemente como una proposición controvertida. Se ve a sí mismo distanciado de la idea, parcialmente por su compromiso con el acto de crear. La definición de hogar “ha cambiado una y otra vez para mí a lo largo de los años”, escribió. “Lo más probable es que sea yo mismo el que la cambio para poder tener alguna sensación de ‘hogar’ y no perder la cabeza. La mayoría del tiempo el salón de mi casa no me hace sentir en mi hogar mucho más que la habitación de un hotel en Bélgica”. Continua, “Me he alojado en ruinas antiguas y en granjas en la mitad de ningún sitio, rodeado de gente que no habla el mismo idioma que yo y me siento como en casa y muy cómodo”. 

Recientemente en The Tonight Show Starring Jimmy Fallon, White canto su canción “You’ve Got Her in Your Pocket”, un lamento de naturaleza ambigua -el narrador parece estar perdiendo a una amante a la que, quizás tortuosamente, ha intentado poseer. La canción termina con tres notas lastimeras y ascendentes que acompañan a la letra “Home, sweet home.” Cuando acabó de cantar, White se secó las lágrimas. Le escribí preguntándole qué era lo que había hecho emocionarse así, y me escribió de vuelta, pero no contestó la pregunta

En Nashville, White vive en una gran casa con porche y columnas, tras una alta puerta de hierro. En la parte trasera de la casa, hay un cobertizo cercado, como un gallinero, con tres pavos reales blancos a los que se está entrenando para que puedan estar sueltos por la propiedad. Más allá, hay varios edificios independientes. En uno, White tiene un taller de tapizado. En otro tiene una bolera de tres pistas, donde guarda rieles de bolas para amigos. Cada bola dedicada tiene una etiqueta con nombre, y algunas están pintadas de manera imaginativa -la de Dylan tiene un retrato de John Wayne.

En otro edificio, tiene un estudio de grabación. Hace poco White produjo un disco para Lillie Mae Rische, que actúa con él habitualmente, principalmente al violín. El álbum es de canciones de ella. Una tarde, Rische, que es pequeña y con el pelo rapado, estaba delante de un micrófono con los auriculares puestos, mientras White estaba sentado en la habitación de control y fumaba una pipa. Ella cantaba la frase “You can’t take it with you, but you can take me home tonight.”

“Yo tomaría aire antes de esa frase, si puedes” le dijo White. Rische volvió a cantar otra vez. “El fraseo está genial”, le dijo, “pero ha sido un poco rápido”. Después, “Me encanta lo suave que puedes cantar”.

Ella intentó la frase algunas veces más. En cada intento, el ingeniero rebobinaba la cinta y la nueva toma reemplazaba a la anterior. White decía “demasiado rápido” o “un pelín adelantada” o “creo que cuando te echas hacia atrás, suena mejor”. Entonces se levantó repentinamente y salió por la puerta, como si no pudiera aguantar sentado más tiempo.  

El LP  "Forever and Then Some" y el single "Over the Hill and Through the Woods" de Lillie Mae

Los métodos de grabación de White son un poco anticuados. “Si grabas una toma y no es lo suficientemente buena, bórrala hasta que encuentres la que amas”, comentaba. “Lo que la gente hace en Pro Tools, es grabar cincuenta tomas y arreglarlas. Hacen Auto-Tuning y ajustan la línea de tiempos, y no le queda nada de vida. Cuando eliminamos algo, se ha ido para siempre”.

Ahora que el disco de Lillie Mae Rische está terminado y que las prensas están trabajando con fluidez, White pasará varias horas al día en un apartamento que ha alquilado en Nashville a modo de escondite. Se sentará en una pequeña habitación y escribirá. Según conducíamos hacía allí una tarde, me dijo que con frecuencia alberga estas fantasías de confinamiento. “Si me rompiese una pierna y tuviera que estar en un hospital seis semanas, ¿cómo sería?”, decía. “Hay algo en la idea de una habitación, un catre y un espacio pequeño. No tienes nada que hacer”

White torció por una callejuela y aparcó tras un viejo edificio de ladrillo rojo. Subimos varios tramos de escaleras traseras y entramos a través de la cocina. El apartamento tenía dos habitaciones y un comedor, que estaban vacíos. White se ha confinado a sí mismo en la sala de estar, donde hay cuatro ventanas; la luz era macilenta. Sobre una mesa había una grabadora reel-to-reel que compró cuando tenía catorce años con dinero que sacó cortando césped, y en las paredes había colgadas una bandera americana y varias fotografías grandes: dos retratos de mujeres asiáticas, una de ellas una soldado china, otra de un grupo de soldados, una foto de Ty Cobb [un jugador de baseball], al que White admira y del que piensa que es un incomprendido; y otra de algunos hombres de piel oscura con taparrabos y esqueletos pintados sobre sus cuerpos -Esqueletos bailarines de Simbu, en New Guinea, pude saber. Contra una pared, había un catre.

La habitación tiene reglas. “Voy a escribir canciones que no puedan ser escuchadas por el vecino de al lado”, dijo White. “Y quiero escribir como Michael Jackson lo haría -en lugar de escribir partes en instrumentos o tararear melodías, solo pensándolas. Hacer todo en mi cabeza, en silencio y usando una sola habitación”.

El lugar era tranquilo y oscuro, como una celda. “Cuatro pistas”, dijo White, señalando la grabadora de cinta. “Con los ordenadores puedes usar trescientas diez pistas si quieres, pero es demasiada libertad. Siempre tengo mis propias reglas y puedo distorsionarlas si lo deseo. Puedo ver los confines en los que estoy trabajando, pero nadie más sabe que lo estoy haciendo”. ♦

-Andrew Murphy

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1 comentarios

  1. Esa última imagen está buenisima, gracias por tus aportaciones y en general por la página

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