Entrevista Jack White

El Erudito (2/3)

3/11/2017P. O'Leary

La primera actuación pagada de The White Stripes, por un porcentaje de la entrada, fue en un club de Detroit llamado el Gold Dollar, el 14 de agosto de 1997. Neil Yee, el propietario del establecimiento, me dijo que la mayoría de las bandas colocaban sus amplificadores en el suelo o en sillas. White ponía los suyos sobre un pedestal cubierto con una tela roja. Él y Meg llevaban ropa roja y blanca. Mucha parte del público se salía fuera a hablar y fumar. Entre los que se quedaban había un músico, Dave Buick, que trabaja ahora para Third Man Records. A Buick le intrigaba su imagen y el cuidado con el que White preparaba el escenario. “Solo la parte visual era suficiente como para despertar mi curiosidad”, decía.


The White Stripes por Ewen Spencer

Buick había heredado algo de dinero de su padre, y usó parte para grabar bandas de Detroit y editar discos de vinilo. A las cinco semanas, habiendo escuchado a The White Stripes algunas veces más, Buick vio a White en un club y le preguntó si le gustaría hacer un disco. White quiso saber cuánto le costaría. Buick le contestó que unos quinientos dólares y, antes de poder decirle que él lo pagaría, White le dijo que no podía permitírselo y se marchó. Pasaron unas cuantas semanas hasta que Buick volvió a ver a White y se lo pudo explicar.

En su sala de estar, los White Stripes grabaron una de las canciones de White “Let’s Shake Hands”, junto a “Look Me Over Closely”, grabada por Marlene Dietrich en 1953. “No fue lo que esperábamos”, explicó Buick. White dice que la canción era una declaración de que los White Stripes no iban a seguir los preceptos del punk. Buick prensó mil copias, que la banda vendió en sus conciertos y Buick repartió por las tiendas de discos y clubs del medio oeste.

Tras otro sencillo con Buick, The White Stripes hicieron tres álbumes con un sello independiente de California, después firmaron con V2 Records, en Estados Unidos, y XL Recordings, en Inglaterra. Elephant, su siguiente disco, fue publicado en 2003 y se convirtió en número uno en Inglaterra y número 6 en Norteamérica, lo que les desconcertó. “No íbamos a hacer negocio dentro del circuito comercial”, cuenta White. “Habíamos asumido que la música que hacíamos era privada, en cierto modo. Veníamos de un contexto en el que había cincuenta personas en cada pueblo. Pero algo de nosotros estaba más allá de nuestro control. Ahora hay quinientas personas, hay una segunda noche, ¿qué es lo que pasa? ¿Ha perdido todo el mundo la cabeza?”

Jack y Meg se divorciaron en el 2000. En 2007, los White Stripes, de gira, cancelaron repentinamente dieciocho citas, alegando que Meg sufría de “ansiedad aguda”. Nunca volvieron a salir de tour. Durante años, Jack estuvo hecho polvo.

Meg vive en Detroit y no ha concedido una entrevista en años -a través de un amigo rechazó mi solicitud educadamente. Jack dice que fue incesantemente criticada por la simplicidad de su forma de tocar, y se pregunta si aquel acoso acabó por desgastarla. No hizo nada sofisticado, pero sí hizo algo astuto y original. Tocaba casi siempre al ritmo, sin adornarse, lo que dejaba silencios y vacíos en sitios donde bateristas convencionales habrían metido normalmente rellenos. Era una novata cuando empezó, pero hacia el final había desarrollado una refinada versión minimalista. Si te gusta el modo en que tocaba, no encontrarás esa pegada en ningún otro sitio.


Astroboy por Osamu Tezuka (1960's)

White es alto y físicamente imponente. Todavía lleva el corte de pelo que tenía en los White Stripes, con la raya en medio y el flequillo largo como tentáculos, pero últimamente, a no ser que esté sobre el escenario, suele llevarlo peinado hacia atrás. En su vida civil se parece un poco a Astroboy. Tiene la frente alta, una nariz afilada, y una cara flexible. Su voz, cuando habla, es ronca y más grave de lo que esperarías si únicamente le hubieras escuchado cantar. Dice que es más un vocalista que un cantante. “No tengo una voz de cantar-el-himno-nacional”, me dijo un día mientras conducíamos por Nashville. "Lo que hago es vocalizar caracteres".

El temperamento de White es decidido y su atención es constante, al borde de la vigilancia, lo que puede hacerle parecer agresivo. Bebe café continuamente. Sus maneras sobre el escenario son agitadas. “Me bebo un Red Bull y un trago de whisky”, comentaba. “En el backstage, estoy con un bate de baseball rompiendo cosas. Tienes que trabajar ese estado de frenesí”. Puede responder sin ninguna moderación si piensa que le intentan atacar. En Detroit, en 2003, se metió en una pelea con otro músico en un bar y un tribunal le ordenó asistir a clases de control de ira. Tiende a moverse abruptamente entre tareas. “White me agota” me dijo Ry Cooder, que produjo un disco de Third Man recientemente. “No estaba preparado. Tiene un Mercedes grande con un sistema de sonido customizado, y conducía a través del tráfico de Nashville como una exhalación, con Slim Harpo a volumen nivel Defcon 1. Paramos en una estación de servicio, saltó fuera, lleno el depósito, volvió a entrar y arrancó a toda velocidad saliendo la gasolinera con un giro de 180º delante del tráfico. Me preocupé un poco. ¿Y si se hubiera dejado el grifo dentro del tanque? Entonces, ¿qué?”.

¡No os perdáis al maestro Slim Harpo! (1924-1970)

En los White Stripes, White tocaba guitarras baratas con la intención de demostrar que el instrumento no es la clave. Ahora tiene sus guitarras troceadas como hot rods. Un solo de White consiste a menudo en una serie de colisiones, un reto a una canción para defenderse a sí misma. Le gustan los sonidos gruesos y fangosos, y los ataques entrecortados en los que normalmente repite una nota como si la estuviese estrangulando.

Cuando White tenía 18 o 19 años, escuchó “Grinnin’ In Your Face” de Son House, un canto admonitorio acompañado con palmas, que todavía es una de sus canciones favoritas. The White Stripes la interpretaron ocasionalmente como interludio y White escribió una especie de respuesta llamada “Little Room”, que aparece en White Blood Cells, el tercer disco de la banda de 2001. “Little Room” es una homilía concisa y circular sobre las desazones de la vida creativa; podría ser casi una pieza de encaje de bolillos. “Well, you’re in your little room / and you’re working on something good / but if it’s really good / you’re gonna need a bigger room / and when you’re in the bigger room / you might not know what to do / you might have to think of how you got started / sitting in your little room.”

White me escribió diciendo que considera a “Little Room” y “Grinnin’ in Your Face” como “principios que rigen mi vida, métodos que me empujan a adentrarme más profundamente en el arte, la verdad, el blues, mis actuaciones, etc." Y prosiguió: “Llevándome hasta mis límites, identificándome con la víctima, convirtiéndome en el dominador, ser castigado por hacerlo, retirándome, avanzando, aprendiendo a vivir en los tiempos modernos, y todo ello creando a cada giro. Esa es la vida que elegí hace mucho tiempo y ahora no podría impedírmelo a mí mismo si quisiera”. 

Cualquier cosa que atrapa la imaginación de White puede mantenerle ocupado. Lee guiones con la esperanza de dirigir una película -cuenta que le decepcionó perder la oportunidad de dirigir una sobre un traficante de droga en Detroit y un informante del FBI llamado White Boy Rick. Contribuye a los diseños de los bates de baseball de una compañía de Texas llamada Warstic, de la que es accionista. Al menos 8 jugadores de la Liga Mayor los usan. También colecciona objetos esotéricos. Posee el expediente de arresto de Leadbelly en NYC, la licencia para conducir de Georgia que tenía James Brown en los años 80 y el primer disco de Elvis Presley, una demo que hizo en 1953, cuando tenía dieciocho años. White la compró por trescientos mil dólares en una subasta y se la prestó al Country Music Hall of Fame, donde se exhibió durante un tiempo. Hizo que se transfiriese a acetato con antelación y Third Man Records la lanzó a través de una edición limitada. Colecciona cabinas de fotos y cabinas de grabación antiguas, y tiene un número de piezas de taxidermia que incluyen: dos hienas, dos gacelas, un kudú, un alce, una cabeza de elefante, una cabeza de cebra y una jirafa joven ubicada en su oficina en Nashville.

El objeto más único y valioso de su propiedad es un ejemplar del número uno de Action Comics, de junio de 1938, que muestra la primera aparición de Superman, una ocasión a la que White se refiere como “un momento importante de la historia literaria”. En la portada, Superman sujeta un coche sobre su cabeza y los está aplastando contra una roca. Una copia similar se vendió en eBay en 2014 por 3.207.852 dólares, el máximo precio que se ha pagado por un cómic. White compró la suya hace unos años, por menos de la mitad. La guarda en un armario archivador dentro de una cámara de temperatura controlada en Nashville [The Vault]. La sacó para enseñármela. “Si voy a invertir en algo, tiene que tener significado para mí, algo con valor histórico y que pueda ser transmitido”, me dijo. “Si compro el primer disco de Elvis y somos capaces de digitalizarlo y publicarlo, de forma que la gente pueda tenerlo, o si puedo conservar este cómic, es mucho más guay que comprar un Ferrari o invertir en petróleo británico”

CONTINUARÁ

Tambien Te Puede Interesar

0 comentarios

Formulario de contacto