Jack White Third Man

Un poco de luz sobre TIDAL

3/31/2015P. O'Leary

Ayer lunes, Jack White y otro puñado de artistas -de plana mayor-, teñían de un misterioso azul cian sus perfiles en las redes sociales como preludio del anuncio oficial, en Nueva York, de un nuevo servicio de música en streaming, Tidal. La multimillonaria inversión de Jay Z en el software sueco Aspiro, meses atrás, ya nos ponía sobre alerta. El evento, al que pudimos asistir vía un "glorioso" stream (todo hay que decirlo), era la consumación de algo largamente anticipado: los músicos están hartos de no 'sacar tajada' de su propio pastel.

Jack White en la conferencia de prensa de presentación de TIDAL

Y eso fue algo que Alicia Keys, conductora de la presentación, se encargó de subrayar ante la audiencia:  Tidal es una plataforma que devuelve el control (y, consecuentemente, el rendimiento económico) a los artistas.

Los presentes -figuras como el propio Jay Z y esposa, Arcade Fire, Daft Punk, Rihanna, Madonna, Calvin Harris, Chris Martin o Nicky Minaj, entre otros- se presentaron ante el mundo como partes interesadas (stakeholders) del proyecto y, con la firma de declaración de principios que escenificaron, mandaron un mensaje, alto y claro, al resto de jugadores: ¡hasta aquí! "Solo quiero ser una alternativa" decía Jay a The New York Times, refiriéndose a sus competidores, "No tienen que perder para que yo gane".



Las reacciones y análisis varios de los pros y contras de esta última propuesta, no se han hecho esperar. Las 25 millones de canciones con los que cuenta el servicio, en la actualidad, no pueden competir (por mucho que hayan sido todas adquiridas legalmente, mediante acuerdos con las discográficas pertinentes) con el servicio premium del 'rey del mambo' hasta la fecha, Spotify. Hay un abismo cuantitativo, entre ambas, en cuanto a contenido; el mismo abismo que sugieren los resultados extraídos de comparar la calidad de sonido/imagen que ofrecen una y otra. En el apartado cualitativo, Tidal gana por goleada. 

A los usuarios, como es lógico, nos importa mucho la oferta disponible y nos importa mucho la calidad. Pero lo que más nos importa, sin ningún atisbo de duda, son nuestros bolsillos. Y cuando la palabra gratis se queda fuera de la ecuación -después de estar tan acostumbrados, como estamos, a no rendir cuentas a nadie-, cuestiones como el catálogo o la Alta Fidelidad pasan a un segundo plano.


Tidal es un servicio exclusivamente de pago; las modalidades de suscripción existentes son las que son: 9,99USD/mes por el servicio Tidal Premium y 19,99USD/mes por el servicio Tidal HiFi. ¿Está al alcance de cualquiera? Honestamente, no lo creo. El mero hecho de tener que pagar por escuchar música, descarta automáticamente a un segmento muy amplio de los potenciales clientes de la plataforma. 

Pero, de verdad, la propuesta de valor de esta alternativa ¿está dirigida al gran público? Mi impresión es que no, yo diría que la estrategia empresarial apunta directamente a los miembros VIP de las plataformas existentes. A los que actualmente están desembolsando despreocupadamente una cuota mensual por acceder a lo mejor de lo mejor.



Muchos de esos usuarios -que también tienen derecho a la vida-, que se han llevado algún disgusto últimamente al ver como algunos de sus artistas predilectos tomaban la decisión de retirar su discografía de la parrilla (sirva como ejemplo Taylor Swift, que se llevó todo su repertorio de Spotify, a finales de 2014, para ahora ofrecerlo en Tidal), ahora ven las puertas del cielo abiertas. 

Podemos pensar que es un planteamiento 'cortado a la medida' de un nicho de mercado muy reducido, los más 'exquisitos' serán los que se sientan atraídos por la promesa de un audio lossless (sin pérdida), videoclips en alta definición y un contenido editorial -entrevistas, artículos y recomendaciones- elaborado por expertos del sector [veremos si Pitchfork está por la labor]. Además del material que los propios artistas lanzarán en exclusiva, a través de este medio, para hacerlo más tentador...



En definitiva, un proyecto que no parece ser tanto para todos, como rezaba el hashtag de la campaña promocional #TIDALforALL, sino para aquellos con más potencial de gasto. Una cuota de clientes que, aún siendo minoritaria, debería obligar a "mover ficha" a competidores como Spotify, Google o Apple. Veremos su respuesta.

Y algo de esto tiene que ver ¿con la música de Jack White? ¿con su propia estrategia en Third Man Records? o ¿con su defensa a ultranza del formato vinilo? 

Pues tanto que ver como que, hoy, las revistas de moda hayan destacado a Mr. White como el más elegante de los asistentes a la press conference de ayer (no era muy difícil, visto lo visto), osea ¡NADA que ver! Una cosa es el músico y otra el hombre de negocios. Diferenciemos, por favor.


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2 comentarios

  1. Bien, este asunto de Tidal... A mi no me parece que sea un ultraje, la verdad. He visto como han estado las redes con esto, he visto como apuntan a Jack con el dedo (una vez mas) al respecto de esto, como si fuera algo del otro mundo que una persona quisiera que le pagasen por su trabajo. Francamente, a mi este asunto del streaming me encanta. Nunca he sido la fan numero 1 de la tecnologia, algunas veces hasta soy peor que el propio Jack con eso, pero la posibilidad de tener un servicio de este estilo me llama muchísimo la atención, aun sin ser gratuito. ¿Creo que 10 o 20 dolares mensuales es una cuota excesiva? La verdad no, aunque las cosas gratis sean la preferencia de todo mundo (incluyéndome), no seré yo quien lo señale a el o a ninguno de los involucrados en el proyecto. Al final de cuentas, ¿que acaso no merecemos todos que nuestro trabajo sea redituable?

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    1. Hola Ivore! Esto es lo de siempre. A alguien se le ocurre colgar una lista con el patrimonio privado de los artistas involucrados y se convierte en algo viral y ULTRA-polémico. Como si pagar dinero a estos señores, por el trabajo que hacen, implicase quitárselo a un pobre niño de Somalia. La CUESTIÓN es si, como consumidor de ese arte, prefieres pagarle el dinero a los músicos que lo crean (con cuentas bancarias envidiables, es verdad) o permitir que los propietarios de Spotify Ltd. o de Apple Inc. (por poner un par de ejemplos) se sigan lucrando de una música que no es suya. No creo que las fortunas de estos últimos tengan nada que envidiar a la de los propios artistas (es más, con seguridad son infinitamente superiores). Pero, por mí, pueden seguir todos haciendo el ridículo con sus planteamientos bienpensantes e irrisorios hasta que se cansen...

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