Directo Entrevista

Q Magazine: en el camerino con Jack White (II)

11/27/2014P. O'Leary

Segunda y última parte de la entrevista entre Q y Jack White. Mientras que la primera parte estuvo predominantemente centrada en el pre-concierto, en está pasamos directamente a la acción. La lucha de cada noche sobre el escenario, contra él mismo y contra el público -que puede llegar a ser un enemigo declarado-. Y, no podía faltar, un poco del discurso victimista de "pobre" músico incomprendido que tanto le gusta a Jackie. Si no lo saca a relucir, no tiene paz. ¡Qué chico!


White esta sobre el escenario, preparado para el primer show de las dos noches programadas en el Fillmore. Una sensación de inquietud flota en el ambiente. Después de abrir con una explosiva mezcla de temas de Lazaretto y White Stripes, aprovecha la primera pausa que hace para tomar aire, para intercambiar unas breves palabras con los cinco músicos; y vuelve a la carga con una canción desconocida, tan desconocida que nadie en el planeta Tierra sabe cuál es, salvo él. 
Después explica que la ha tenido en la cabeza desde hace un día o dos. Entonces, frente a 5.000 personas, ha indicado a la banda los acordes y les ha pedido ralentizar el tempo, y simplemente ha empezado a tocarla. Un exorcismo susurrante y lacrimógeno, posiblemente titulado "Carry On Somehow", reduce el tumulto del auditorio a un incómodo silencio.

White, increíblemente, nunca ha tocado en Miami antes. Los dos conciertos, como era de esperar, se vendieron en minutos. El público va vestido marcadamente de sport. "Seven Nation Army", más allá de la apropiación multiuso para la Copa del Mundo, es el himno de los titanes del baloncesto local, los Miami Heats. La noche inaugural se va desarrollando en crescendo, con una versión del "Top Yourself" de Raconteurs tan libre, en su improvisación, que raya la tradición sureña de bandas como The Allman Brothers. A su conclusión, tras apenas 45 minutos de actuación, la omnipresente cortina azul pastel de White se cierra sobre el escenario y la música para. ¿Uh? Tiempo muerto. Sin planear, desconcertante.
Un par de minutos después, poderosos sonidos emanan desde detrás de la cortina. Y el show se reanuda con "Fell In Love With A Girl" ejecutada, por turnos, à la garage rock y al estilo R&B de Joss Stone. Canciones como "I Cut Like A Buffalo" o "Missing Pieces" son extra funky e inmediatas, gracias a la extraordinaria batería de Jones, Pero hay una evidente tensión en el público, quién necesita: a) hits de The White Stripes y b) rock libre y sin sentido. 
En su lugar, White interpreta un número de Hank Williams e, incluso, somete al "We're Going To Be Friends" de los Stripes -una tonadilla encantadora sobre los días de escuela- a un nuevo look progresivo. Con un grupo tan versátil a su disposición, su jurisdicción se extiende mucho más allá del blues y del garage rock actualmente, al country, al folk, al funk o al hip-hop. Algunos de esos aderezos encienden mejor a unas audiencias que a otras.

Jack White @The Fillmore, Miami (22.09.14)

"Venimos de tocar 5 festivales consecutivos" dice White, al día siguiente, tratando de explicar la intencionalidad del concierto. "Allí, me guste o no, tengo que tocar material que sea más atractivo para el contexto festival, así que imagino que es una reacción contra a eso".  
Empieza a relatar como el escenario es un "campo de batalla" para él. 
"Hay riesgos asociados al hecho de tener la misma banda cada noche", razona "y es un problema mío, no es un problema de la banda". Me encuentro a mí mismo diciendo "wow, hemos hecho cuatro canciones seguidas exactamente igual que la noche anterior". Quizás no le importa a nadie más que a mí, solo trato de salir de esa espiral. Pero es agotador". 
"Me veo a mí mismo como un comediante" añade, "Si hago una broma y se hace el silencio -nadie se ríe-, tengo que darme prisa y encontrar algo que funcione para esa sala. Quizás la gente piensa que soy más del tipo "voy a hacer lo que me de la gana y si no te gusta, puedes irte al infierno" pero no es así "en absoluto".
En cuatro o cinco ocasiones durante nuestra conversación, White hace referencia a qué el público no comprende el alcance de lo que está teniendo lugar allí -claramente, no es porque sea irrespetuoso con ellos, sino porque sus estándares son casi inalcanzables. No descansará hasta que el mensaje llegue a todos y cada uno, receptivos a la música nueva y antigua, tan ciegos al color del género como él. 
Tampoco se siente muy apreciado como productor. Lazaretto -su producción número 45 en solo 15 años- es, de lejos, el más ambicioso; incluyendo múltiples ediciones de cinta [de las de cortar y empalmar, se entiende] e inclusive, en un caso, cambiando de una banda a otra -ambas estaban situadas en estudios adyacentes- a mitad de canción y en pleno directo.

"Toma la canción "Lazaretto", por ejemplo" clama con indignación, "si nadie hubiera sabido que yo hice ese track, creo que no sorprendería escucharlo en un disco de Lil Wayne o en algún álbum dubstep, porque incluye tantos componentes extraños. Tienes funk, hip hop, dubstep, bluegrass o rock'n'roll. Hay 17 estilos musicales diferentes en una única canción". 
"Estoy lo suficientemente loco como para incorporar todas esas cosas, pero si tu nombre está vinculado a ello, la gente simplemente lo mete bajo la etiqueta de lo que ellos piensan que eres. Si dijera que he pedido a Pharrell [Williams] que mezclara mi disco, de repente habría una percepción nueva sobre "Lazaretto" como canción, aunque fuese exactamente la misma grabación. En plan -Oh, mira lo que ha hecho Pharrell con Jack, ha añadido una sección con un sintetizador Moog enorme y una base funk".
El hip-hop, dice, ha sido una parte importante de la banda sonora de su vida, remontándose a cuando descubrió a MC Lyte, EPMD y Eric B & Rakim a principios de los 90. Sin embargo, ¿Es molesto que todo el clamor popular de la innovación en los estudios vaya a los pesos pesados del hip-hop y R&B? ¿Está intentando meter al rock de vuelta a la contienda, en ese nivel?
"Los tiempos cambian, todo va y viene" dice encogiendo los hombros, "lo único que me molesta es que, cada vez que hablo del estado de las cosas, alguien acaba citándome y haciéndome parecer un viejo chapado a la antigua que odia la tecnología y que no disfruta de la música moderna. Cualquiera que me conozca sabe que tengo 20.000 canciones metidas en el iPod en el coche y que la mitad de ellas son rap. Y que conduzco ¡un coche eléctrico!".
Según concluye nuestra entrevista, White nos recomienda que le echemos un vistazo al concesionario de Tesla que hay a un par de manzanas. A la siguiente mañana le echamos una ojeada, y definitivamente ¡tampoco está economizando en eso!
En la primera noche en el Fillmore, White dejó que sus canciones hablaran por sí mismas en gran medida. Quizás decidió cerrar la boca después de dar rienda suelta a lo que él describe como un "bronca a lo Kenye West" en el escenario de Boston, unas noches antes, atacando supuestamente a Foo Fighters (según parece, a la mañana siguiente llamó personalmente a Dave Grohl para disculparse).
Esta noche vuelve a estar bastante hablador, de un humor surrealista. Tras una tórrida secuencia inicial, el set va enmudeciendo, cada vez más, a una entusiasta multitud que aguarda obstinadamente el "Seven Nation Army". White responde con una versión acústica y áspera de "Sugar Never Tasted So Good".
"Ehh, sí" tartamudea distante, acerca de nada, "eso me recuerda una historia sobre una panadería, no puedo recordar quién estaba allí, o dónde estaba o en qué momento sucedió, ni siquiera recuerdo el nombre de la panadería... pero definitivamente me recuerda a esa historia".
Hay un silencio absoluto en el Filllmore.
En el bis, White golpea a Miami, cuando menos se lo esperan, entregándoles finalmente la mercancía. Un fluido "Ball And Biscuit" y una gloriosa toma extendida del "Steady As She Goes" de The Raconteurs. Todo está preparado para el megahit.

La de Miami no la tenemos pero no hacía ni un mes que nos había dejado "muertos" con esta...


"La gente cree que no me gusta Seven Nation Army" me había comentado previamente, "y el hecho de que haya sido absorbida por el mundo del deporte. Yo nunca me enfadaría por algo así, o porque fuera usada para lo que sea, para vender no se qué productos". Sonríe. "No puedes matar a una canción. Va a existir en cualquiera de los casos".
"Si escribes una buena canción es solo cuestión de tiempo -ya sea un año o cincuenta- que sea utilizada en una película o en un anuncio. Puedes tener una creencia idealista radical sobre no vender una canción. Pero entonces ¿qué va a ocurrir? Morirás y tus hijos la venderán. O quién sea que herede tus canciones. O el copyright expirará en 70 años o cómo sean esas reglas. Es imparable"
Cuando llega el momento de "Seven Nation Army". Que también es imparable. Encaramado sobre sus monitores con la misma guitarra semi-acústica magullada con la que la canción fue concebida, White exprime el riff que ha batido marcas a nivel mundial pero la furiosa energía del tema permanece intacta. Mientras el público corea la ejecución super-entusiasta digna de un himno de una grada, Jack termina colgando precariamente la guitarra que ha hecho historia en el pie del micro. Seguramente se estrelle contra el suelo. Lo hace. White se ríe con aprobación y se inclina."



Tambien Te Puede Interesar

0 comentarios

Formulario de contacto