Influencias Jack White

Cara a cara entre Brian McCollum y Jack White (I)

8/24/2014P. O'Leary

Detroit Free Press publicó, a finales del pasado mes de julio, el resultado de la visita de uno de sus colaboradores estrella, Brian McCollum, a la factoría se sueños de Jack White en Nashville. No es la primera vez, ni será la última, que los artículos de Brian visitan este blog -"La Ascensión de The White Stripes" es suya-. El motivo es que la complicidad entre los dos detroiters y el exhaustivo conocimiento sobre el artista, del que hace gala el columnista y crítico, siempre dan lugar a conversaciones extraordinarias.


¿Los temas tratados en la entrevista? Los de siempre (los lógicos). TMR, Nashville, el modus operandi del músico, su insaciable 'compulsión' creativa, sus bandas vs. su carrera en solitario, Lazaretto y, por supuesto, Detroit. Pero todo, ya veréis, desde una perspectiva un tanto peculiar e íntima. Dará para unos cuantos post, dado lo que se extiende Jack en cada respuesta. 

"En ese momento [refiriéndose a 2008, cuando White compró del edificio que aloja Third Man Records en la actualidad], ¿te imaginabas todo esto?

JW: No, en absoluto. Tenía 11 o 12 espacios de almacenamiento repartidos por la ciudad. El material de los tours, cosas de Detroit, equipamiento para grabar. Solo quería ponerlo todo en un único sitio. Había construido mi estudio de grabación en mi casa, pero si decía "Oh, quiero usar un Mellotron en esta canción, o un ampli específico -aahhh, está almacenado, olvídalo, demasiado complicado". Quería tener todo en un edificio donde pudiera acceder a cualquier cosa que pudiera necesitar rápidamente. Eso era lo único que buscaba.
También había comentado con Ben (Blackwell) la posibilidad de volver a imprimir los viejos 45s de los White Stripes. Había recuperado los derechos sobre ellos porque V2 se derrumbó, el sello con el que The White Stripes estaban en América.Tenía de nuevo los derechos de autor sobre los discos pero no se me había ocurrido cómo relanzarlos. No tenía sentido pedírselo a ninguno de los grandes sellos con los que tenía acuerdos para otros proyectos, "por cierto, ¿no podríais volver a lanzar estos viejos discos míos?" (Risas)
Así que les pregunté (a Ben Blackwell y Ben Swank) si podían venir a Nashville por un tiempo, al menos, para hacer unos test y volver a ponerlos en el mercado; y quizás luego volverse a Detroit o lo que fuese. Ambos vinieron y todo ocurrió paso a paso: "Bueno, sería genial poder ensayar ahí detrás porque así no tendría que alquilar ningún local de ensayo para las giras. Podríamos comprobar los monitores y la iluminación en esa habitación. Oh, ¿sabes que estaría bien ahora que hemos vuelto a imprimir estos vinilos? Instalar un timbre ahí fuera y, así, podrías vender quizás una o dos copias a la semana si viene alguien, probablemente nunca ocurra". Ahora vienen unas 300 personas al día a la tienda. 
Empezó a convertirse en todo lo que pensé que vería, cuando era más joven y me iba de tour. ¿Qué pasaría si estuviese aquí? Cosas como la cabina de grabación. Siempre pensé que iba a ver una así en alguna parte, pero nunca lo hice. O como cuando empezamos a montar shows en directo y podíamos grabarlos directamente en una cinta analógica, en el "nido de cuervos" junto al escenario. Siempre imaginé que en algún club en Alemania o en cualquier otro sitio, podría dar un concierto y grabarlo en cinta. Pero no hay ningún sitio en el mundo que lo haga. Y, una vez que montamos todo esto, conseguimos poner en marcha el estudio direct-to-acetate. Esa expansión es disparatadamente única. Haría cualquier cosa, si estuviese en cualquier otro punto del planeta, para conseguir que mi banda tocase en este escenario. 
Así que se transformó en todo lo que siempre había buscado ahí fuera y nunca encontré. Empezó poco a poco hasta llegar a ser lo que es ahora. 

¿Hay alguna otra idea que quieras abordar todavía?  

JW: Mmm-hmm. Uno de los grandes proyectos en los que hemos estado trabajando bastante es el del primer disco en el espacio. Es un proyecto que esta llevando mucho tiempo. Y estamos cada vez más cerca de conseguirlo. De algún modo, me parece un bonito objetivo al que aspirar porque, por un lado, lo significa todo y, al mismo tiempo, no significa nada. Siempre he trabajado con la idea de darle a todo un significado profundo pero también trato de hacerlo grato, de modo que pueda afrontarlo de 2 o 3 maneras distintas.
Creo que es interesante mencionar cosas como el disco de Neil Young. Descubrí, una vez que empezamos a trabajar juntos, que teníamos mentalidades muy similares. Que hay un motivo por el que él ha trabajado en el PONO y, simultáneamente, ha grabado un LP en una cabina de los años 40, la experiencia más lo-fi en la que puedas pensar. Porque si no puedes superar eso, entonces no te molestes en ir más lejos.
Siempre me he sentido a gusto en ese contexto. Quiero decir, The White Stripes giraban en torno a esa idea. Si no puedes ir más allá de nuestros colores, de nuestro aspecto, del estilo, del arte, de la forma en que lo presentábamos, del envoltorio del concepto; nunca lograrás ir más lejos, ni conectar con nuestra forma de entender el blues. Lo que es genial, ya que lo fácil habría sido subirse al escenario llevando unos vaqueros y una camiseta como hace todo el mundo. Es duro ponerte a ti mismo en una situación en la que fácilmente podrían verte como una farsa. Pero es también más interesante.


¿Cuanto hay de desafío o de reto para el público en todo eso?

JW: Mucho. Ves un montón de artistas, escuchando la radio o mirando la MTV o lo que sea, que escogen el camino fácil constantemente. Y resulta complicado prestarles atención porque es como si todos ellos siguieran un mismo patrón - haz esto, haz esto, haz esto.
Y te das cuenta que en ciertos géneros, como en la música country aquí en Nashville, la gente está aterrorizada. Nunca asumen riesgos porque hay un único formato para la radio. Y si no te ciñes a él, nunca pincharán la canción así que ni lo intentan. Esos mundos me dan cierta pena, porque están obligados a vivir con todas esas restricciones que les han impuesto. Mira, yo siempre me he auto-impuesto mis propias restricciones, desde el primer día, pero es emocionante para mí porque me fuerza a pensar. Siempre ha sido una fuerza impulsora en mi caso.

Esa idea de imponerte restricciones... Parece algo inherente a ti. ¿Qué es, exactamente, lo que te atrae tanto de ponerte esas trabas y obligarte a superarlas de forma creativa?

JW: Sé que cuando alguien me dice "esa canción o ese vídeo que has hecho me han encantado", quiero tener la tranquilidad de saber cómo ha tomado forma, cómo se ha hecho. No se hizo usando ordenadores o teniendo a alguien que escribió la canción por mí y tres productores, toda esa historia. Me refiero a que tienes que pensar en que eso es lo que hace la mayoría de la gente en este negocio. Tienen ingenieros y productores trabajando en su material y ellos ni siquiera están allí. Vienen, hacen su parte y se van de vacaciones; al mes siguiente aparecen por allí y el disco está hecho.
No podría sentirme orgulloso si alguna persona me dijese "realmente me ha gustado esa canción". Para mí sería como "sí, bueno yo he aportado como un 3% al conjunto, el resto ha sido gracias a los ingenieros y otra gente". No me sentiría bien. Me sentiría avergonzado. Así soy yo. Siempre he sido así, siempre he intentado estar al pie del cañón.
Third Man Records ayuda a que sea así ahora. Todo tiene lugar en un mismo escenario: podemos hacer las fotos, el trabajo artístico, la grabación, la mezcla, la edición y la máster. Está bien tener un obstáculo que sortear en cada uno de los puntos del proceso.

Hay algo en tu manera de ser, un elemento de control, algo de ¿perfeccionista?

JW: Hay dos maneras de verlo. Precisamente lo comentaba con alguien el otro día. Pienso que muchos vienen aquí imaginando que me paso el día respirándole en la nuca a la gente. "No, no, no, ¡no pintes eso de ese color!" o algo por el estilo. Si pudieras verme trabajando con mis equipos de construcción o los diseñadores gráficos, verías cuánto estoy deseando que pongan sus propias ideas sobre la mesa, dejar a Dios entrar en la habitación y que las cosas sucedan de forma natural.
Es muy aburrido simplemente sentarte y dirigir a la gente, decirles lo que tienen que hacer. ¡Menuda cosa! Es como una manera de alimentar el ego y puede darte un subidón momentáneo de autoestima. Pero no es muy gratificante. Encuentro más satisfactorio cuando dices "qué os parece si hacemos esto" y alguien más dice "vale sí, pero he descubierto esto otro por accidente" y, entonces, algo genial ocurre: algo que antes no existía, empieza a existir.
Eso es lo que me da subidón a mí: algo nuevo que empieza a existir. Sobre el escenario, no siento ninguna gloria cuando el público empieza a aplaudir, pero cuando noto que me están empujando a hacer algo nuevo, siento que vamos a llegar a algún sitio. Llevamos la canción a un sitio diferente. Ese es un mini-logro para mí. Sienta muy bien. Pero la idea de que me alaben por ello no me interesa para nada. Me interesa que los músicos en el escenario hayan llegado hasta ese punto y que la audiencia lo sepa. Es difícil de conseguir y aún más sin red de seguridad. Pero si lo logras, puedes sentirte verdaderamente orgulloso.
Estoy combinando las bandas con las que toqué en el último tour. Me hubiera gustado volver a salir con ambas pero había muchos problemas de agenda. Todos están en otros grupos y cosas así. Ciertas personas, me he dado cuenta, son las únicas que pueden hacer lo que están haciendo. Así que necesitamos pensar en cómo conseguir que suceda. Quizás lo haga para la siguiente vez que salga pero, por ahora, continuaré con esta combinación de las dos bandas. Ha estado funcionando muy bien, de modo muy compacto.

...

¡Hasta aquí la primera parte! Como novedad, en lugar de acabar con alguna actuación que viniese al caso, he pensado en compartir un documental que retrata, como ninguno, la escena musical de Detroit. A la que Brian McCollum lleva dedicando su vida profesional desde... siempre. Espero que lo hayáis visto tod@s -¡a pesar del obstáculo del inglés!- ya que incluye, entre otros míticos de la comunidad garage de la época (2001), algunas de las escenas más memorables de los White Stripes más ingenuos e irresistibles que se recuerden. Con un Jack White atónito, ante la atención que empezaban a atraer, y absolutamente convencido de que nunca llegarían a ser una gran banda. "No escribimos canciones que vayan a estar nunca en el TOP 40 HITS ni nada de eso" dice. Los pronósticos no son lo suyo, queda demostrado.

Atención a las apariciones del dúo sobre el escenario porque incluyen rarezas difíciles de encontrar, como los covers de "I'm Bored" (de Iggy Pop) o "Baby Blue" (de Gene Vincent). También fue la primera vez que tuvimos el inmenso ¿placer? de conocer al Arthur P. Dottweiler, un "manager" algo quisquilloso que daría mucho que hablar un año después. Pero esa es otra historia...




Por cierto, al ir a echar mano de la lista de reproducción de YouTube donde guardo mis documentales favoritos, he comprobado con espanto que todos -¡todos salvo este!- habían sido eliminados por la apisonadora de los derechos de Copyright. Pero lo más preocupante es que la amenaza de que, antes o después, todos sean bloqueados persiste (hará unas 3 semanas la todopoderosa plataforma me envío una encuesta en la que la me preguntaba mi opinión acerca de la "posible" implantación de un servicio de pago). La solución es sencilla, descargaros vuestros vídeos favoritos antes de que desaparezcan del mapa. 

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